Las reglas de tráfico, otro uso del término bastante familiar también, no son diseñadas y/o no se deducen a partir de especificaciones de los objetivos de los usuarios de las carreteras. Los usuarios las utilizan con los más variados propósitos -negocios, vacaciones o cualquier combinación- que dan lugar a una gran variedad de rutas, velocidades y clases de vehículos. Las reglas de tráfico cubren la función de posibilitar a las gentes seguir derroteros separados e independientes que podrían entrar en conflicto en ausencia de tales reglas. Estas reglas no suponen que los objetivos de los usuarios se reducen a una simple contrapartida, análoga a la “ganancia” de los juegos ordinarios.
James Buchanan y Geoffrey Brennan: La razón de las normas.
Para compartir algo de economía política y filosofía política. Un tema interesante: el análisis de las reglas, normas o leyes. ¿Para qué existen las leyes? Lo que Buchanan señala es que las reglas no obedecen a fines sociales o comunes. Es decir, una buena ley permite la mayor cantidad de fines u objetivos posibles; sólo se encarga de que esos fines sean posibles. Las reglas de tráfico permiten que cada quien cumpla con sus objetivos y no se orientan hacia un objetivo específico. Esto porque, como demostraría la Economía Política gracias a Kenneth Arrow en los 70’s, no existen los “fines sociales” o “bien común”. Sólo existen reglas que permiten ordenar y cumplirse los bienes particulares. Algo muy interesante de revisar teniendo a la filosofía kantiana en mente.
James Buchanan es premio nobel de economía (1986). También Kenneth Arrow (1972).
Todo cuanto pertenece y puede pertenecer al mundo está inevitablemente implicado con este hallarse condicionado por el sujeto y sólo existe para el sujeto. El mundo es representación.
Arthur Schopenhauer: El mundo como voluntad y representación.
Entonces resulta claro y cierto que [el hombre] no conoce sol o tierra algunos, sino que sólo es un ojo lo que ve un sol, siempre es una mano la que siente una tierra; que el mundo que le circunda sólo existe como representación, o sea, siempre en relación a un otro que se lo representa y que es él mismo.
Arthur Schopenhauer: El mundo como voluntad y representación.
Pero temo que ni así lograré desembarazarme de ellos. Al leer este prólogo que le rechaza, el lector que haya comprado este libro con dinero en metálico se preguntará cómo resarcirse. Mi última tabla de salvación es recordarle que también cabe utilizar un libro de varias maneras sin leerlo. Este libro, al igual que muchos otros, puede rellenar un hueco en su biblioteca, donde quedará muy bonito al estar esmeradamente encuadernado. O también puede dejárselo a su instruida amiga encima del tocador o sobre la mesa del té. O, finalmente, puede incluso recensionarlo, siendo esto lo mejor de todo y lo que yo recomiendo muy especialmente.
Arthur Schopenhauer: Prólogo de El mundo como voluntad y representación.
En tu reino
todos los días se vuelven suficientes.
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Nel tuo regno
tutti i giorni bastano a se stessi.
Rafael Cadenas en Amante. Traducción de Ana María Del Re
Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme
es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces
más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo
(“Ud. es muy quedado, avíspese despierte”)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada a cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas esas cosas y por otras
cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas
haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme,
barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación,
mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente
me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
y de mí hasta el día del juicio final.
Rafael Cadenas: Derrota.